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01Abr2015

Mensaje de Pascua de monseñor Buenanueva

 

Mensaje de Pascua del obispo de la Diócesis de San Francisco

Jesús ha resucitado. Dios, su Padre, no lo abandonó al poder de la muerte. Con el soplo de su Espíritu lo vivificó. Por eso, ahora vive y comunica vida.

Así hemos llegado a conocer el verdadero Rostro de Dios: el Padre que resucita al Hijo por el poder del Espíritu. Este es el Dios en el que creemos. El Dios amor del que procede todo, la meta de todos nuestros caminos.

Toda la creación lleva las huellas del Dios Trinidad. De manera especial el ser humano. Es el Dios creador y amigo de la vida, cuya última y definitiva palabra sobre nuestro mundo será siempre: “resurrección”.

Anunciar la resurrección es la misión fundamental de los cristianos. Y es un anuncio sencillo, directo y entrador. No necesita demasiadas palabras. Tiene luz propia y convence por sí mismo. Solo necesita testigos que le presten sus labios y sus personas. Que se dejen alcanzar primero por su poder vivificador y, así, con el rostro transfigurado, lo lleven por el mundo.

Los pobres de corazón y los que llevan las cicatrices de la vida suelen estar más abiertos para recibir esta buena noticia que, desde hace dos mil años, recorre el mundo llevando esperanza y fuerza para vivir.

Ya le ocurrió al mismo Jesús: los niños, los pobres, los enfermos y, especialmente, los pecadores y demás excluidos fueron los más receptivos de su mensaje y de su persona. Con ellos formó a su Iglesia. Y lo sigue haciendo.

Los pagados de sí siempre terminan cerrándole sus puertas y rechazándolo. Juzgan que es poca cosa. Por eso, que la soberbia y el orgullo no nos cierren al poder de Dios manifestado en la pascua de Jesucristo.

Como obispo diocesano, en esta Pascua, quiero invitarlos a que todos nos dejemos alcanzar por este anuncio gozoso y esperanzador. Digámosle “amén” con nuestro corazón, con nuestros labios y con nuestra propia vida.

Así llega Cristo a nosotros. A través de este anuncio que hace nacer la fe en nuestros corazones. Así, el Señor nos comunica su Espíritu, y nos da las energías que necesitamos para edificar una sociedad mejor, más humana y fraterna y, un día, alcanzar también la vida eterna.

¿Dónde hacer la experiencia del poder de este anuncio? Permítanme indicarles tres lugares para encontrarnos con Jesús y su poder vivificante.

Ante todo, la Eucaristía dominical. Allí siempre en Señor nos espera para iluminarnos con su Palabra y alimentarnos con su Cuerpo y Sangre vivificadores. ¡No abandonemos la Eucaristía! Pero también, los pobres, los enfermos, los que no se sienten bien debajo de su piel. Allí vive, de manera especialísima, el Resucitado. ¡No nos cerremos al hermano necesitado! En tercer lugar, la misión: ¿has probado que a Jesús se lo encuentra en el hecho de salir de vos mismo, acercarte a un hermano, tenderle la mano y, llegado el momento, hablarle de Cristo tu Señor?

Quisiera, por último, expresar públicamente la gratitud a Dios que, en las recientes difíciles circunstancias climáticas que afectaron a tantas familias de la diócesis, suscitó corazones dispuestos a tender la mano al hermano necesitado.

¿No fue esa una fuerte experiencia del poder de Cristo resucitado que vence toda forma de muerte y de límite humano? Estoy personalmente convencido que es así. Sé que esta convicción la compartimos muchos. Es Jesús que, como en Emaús, enciende nuestros corazones y nos regala esperanza para seguir caminando, levantándonos de todas nuestras caídas y dificultades.

Queridos hermanos y amigos: ¡Jesús vive! ¡Tenemos esperanza! Muy feliz Pascua.

Que el Señor los bendiga.

 

Domingo 5 de abril de 2015

+ Sergio O. Buenanueva

Obispo de San Francisco

 

  • 1 Abr, 2015
  • Diocesis de San Fco
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